El relato de Kafka, “La condena”, logra contar un cuento corto pero con tanto contenido. Una novia de familia acomodada, un padre enfermo, un amigo traicionado, el fantasma de la madre. Georg, a punto de casarse se acuerda de su amigo, ese de la infancia. Esos amigos que la vida te separa. Él se sentía afortunado con sus éxitos, su trabajo, su noviazgo, pero apenado por su amigo alejado en ese país extranjero y solo. ¡Que engañoso es el lenguaje!, llenarse la vida de posiciones jerárquicas y palabras vacías no cubre la situación verdadera, las angustias no elaboradas. Dos amigos aparentemente tan alejados pero tan cerca en lo más íntimo de su alma.
La conversación con el padre, lo dice todo, lo muestra todo. Ese hombre mayor postrado en su cuarto oscuro, lamentándose por la muerte de su mujer, él era el único que sufría… ¿Acaso un hijo no puede, no tiene el derecho a padecer la muerte de su madre? Esos padres totalitarios que tratan a sus hijos como objetos para descargarse. Y Georg… atrapado en ese laberinto de personajes y sentimientos y aferrado a su mundo de fantasías decide rendirse, elige la cobardía quitándose la vida saltando de un puente.
Estaba en mi cuarto, era un día de semana en la media noche. De repente me desperté, se abrió bruscamente la puerta. Sentía una fuerte, intensa, densa, desgarradora voz. Un hombre desesperado, reclamando justicia “¡Ese no es su lugar!”. En mi cama aterrada quería bajar a cerrar la puerta, no podía, mi cuerpo no podía soportarlo. Me quedé tapada con mis sabanas, sentía la muerte, la más horrible agresividad, ese hombre capaz de hacer cualquier cosa. No podía distinguir a quien le hablaba.
Me desperté, estaba en mi cuarto. Me sentía agitada. Sabía que era un sueño pero no podía despegarme de él. Estaba con mucho sueño, hacía un esfuerzo para no dormirme. Me daba miedo, ahora era mi mente la que temía. A lo largo del día me fui olvidando, hasta me parecía absurdo todo lo de aquella noche.
¿Será que en el sueño en realidad despertamos? Se nos abren las puertas a la más profunda verdad de nuestro ser. Todo esto nos parece tan extraño de día, nos desconocemos y así vivimos, tapando lo más bello que habita en nuestras vidas, lo que le da sentido y dirección, para no caer del puente a la muerte.
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