Buscando, investigando historias de amor clásicas encontré solo historias de un amor pasional, tormentoso, obsesivo. No me voy a poner a analizar como Freud, que todo esto viene del obligado fracaso de nuestra primera vivencia, él ya lo hizo. Pero sí, es verdad, existe esa marca.
Nuestro primer encuentro con el amor es con nuestra Madre, ese ser perfecto que nos dio la vida y nos sostuvo. Más tarde, es condición para la exogamia que alguien nos prohíba ese Amor caprichoso. De esto nada queremos saber, nos lastimó, nos frustró, pero queda la marca en lo más profundo de nuestro ser que nos enseñó cómo se siente El Amor único, irremplazable y trágico.
En el momento q empecé a salir era todo tan lindo, me sentía valiente y libre. Empecé a conocer una persona increíble, tan honesta, tan paciente, tan linda. Me dio miedo, un miedo bueno que me ayudó a crecer. A pesar de mis rayes él estuvo ahí, me sostuvo, me motivó para que siga adelante. Lo traje a casa, conoció a mi mamá y a mis hermanos, tan valiente, tan educado, tan cortes, tan caballero.
El martes era nuestro día. Venía de la facultad, llegaba y se refregaba los ojos. Me decía que estaba cansado, pero que no importaba, me sonreía y me daba un beso diciéndome que me extrañaba. Le decía que se siente, no lo hacía, me pedía agua. Nos gustaba comer sin ver tele. Más tarde nos íbamos arriba a ver una película, le gustaba abrazarme. En las propagandas me giraba la cabeza para darme un beso. Yo lo sentía como el beso del hombre araña, no se lo decía, me daba vergüenza, me parecía estúpido e infantil. Eran las doce de la noche, estaba cansada, tenía que llevarlo. Nos tomábamos diez minutos más, nos abrazábamos como si fueran los últimos segundos de nuestra vida. Quizás no por separarnos, sino por la fatiga de levantarnos, el frio del invierno. Me decía: “Uy… ya te agarro la pachorra”. Me reía, le parecía dulce. Nos despedíamos con sus últimas palabras: “Me haces muy feliz”.
Pero había algo, algo tan tonto e insignificante. Decidí omitirlo. Me sentía madura por sobreponerme a mis ideales impuestos y mirar más allá de lo que cualquiera pudiera ver.
No es que era vidente, o la elegida o algo por el estilo. Nadie más podía verlo porque nadie me lo enseñó, era mío. No me lo enseñaron los griego ni los romanos, no me lo enseñó Shakespeare, no me lo enseñó Hollywood, no me lo enseñó Mamá ni Papá. Pero esto no se logra de un día para el otro, es necesario enfriar ese Amor y devolverlo a quien le corresponde, porque estoy muy agradecida pero yo ya no lo necesito. Es hora de empezar a aprender a amar y dejar que me amen a mi manera y así poder crear mis propias marcas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario