En una noche de verano, estrellada y con luna llena, quería salir, me sentía linda. Había pintado mis las uñas, planchado el pelo luego de hacerme un baño de crema. Me había puesto el vestido floreado que había comprado. Lo había visto varias veces en un local, lo veía colgado, lo deseaba. Ese viernes había cobrado. Entré al local, me lo probé y era mío.
Entre tragos y bailes, me di vuelta y ahí estaba él. Con tanta seguridad se me acercó, me agarró la mano y sin decirme nada nos encontramos bailando. Me decía que bailaba muy bien y demás piropos.
Ya la fiesta terminaba, y me invitó a su casa… Se me acercaba, lo veía venir, notaba su intensión. No sabia que hacer, como mirar, si mover mi cuerpo o dejarlo ahí. Me puse nerviosa, simplemente no me podía decidir que hacer, salir corriendo, decirle algo o entregarme. Decidí hacerme la disimulada, quizás no fue una decisión, fue una indecisión… pensaba por dentro ¿que me pasaba, por que reaccionaba así, por que no ser libre y entregarme en sus brazos? Si quería gozar, estaba sola, quería divertirme y hace mucho que me había desencantado con el cuento del príncipe azul. Si solo me pudiera contar mas sobre él, sus miedos, que lo avergonzaba, que lo apasionaba, con que se emocionaba, como pensaba a su familia, como se llevaba con su madre, que le daba tristeza, su infancia… ¿Por qué necesitaba saber todo esto? Le pregunté donde trabajaba, que hacia de su vida, me dijo que no habláramos de aquello, que era aburrido, que esta noche era para gozar. No volví a intentarlo, quizás trate de respetarlo. Pero no podía tocar su cuerpo… capaz si, pero el mio estaba a menos dos grados, quizás si nos empezábamos a tocar mi temperatura subía… Pero no me interesaba, me sentiría vacía, no le veía el sentido. Pensaba en la gente que le gustan esos encuentros carnales, que algunos llaman pasionales, no los entendía…
Reflexioné sobre la cultura, mi historia… ¿Por qué me limitan a gozar sexualmente? El ser humano se creo su propia maldición y ahora esta privado del encuentro sexual. Pero, ¿podía llorar antes, podía reír, podía reír tanto hasta llorar, podía mirar al otro y sentir la mirada, podía darle un beso con el arco iris de sentidos, podía remplazar palabras por caricias y abrazos, podía renovarlos cada día? tocar de una forma distinta según lo que pasaba en el día… a veces hasta dar una cachetada amenazadora ¿Por qué no?, esto me causó risa, me acordé de las veces que lo quise hacer y no lo hice, pero lo demostré con menos caricias, perdiendo la mirada, cerrando los ojos con bronca… ¡Los seres humanos somos tan afortunados! Tenemos una variedad enorme de encuentros carnales o quizás sentimentales diferentes… y sin embargo algunos eligen la animal… ¿conocerán la otra forma?
Encuentro de dos historias, que se fusionan, se presionan, se esfuerzan, se gritan, se tocan, se miran, se callan, se recuerdan, se olvidan, y… se liberan, se combinan, se comparten, se renuevan. ¡Qué acto generoso! Compartir todo eso, prestarlo para que el otro pueda sentir, para que su cuerpo ascienda la temperatura, para que corra sangre por las venas, para que el corazón lata con pasión y renueva el oxigeno de la sangre con potencia. Empapar al otro con su historia, llenarlo de sentido, hacerlo más humano, quizás recordárselo… No es natural, lejos está de todo aquello y tan cerca al mismo tiempo… Lo supera, lo conjuga, lo crea, lo domina, lo comunica, lo unifica, lo embellece… tenemos esa capacidad, ¡La tenemos usémosla!
“En una casa del barrio San Pedro, Francisca muestra todo su cuerpo, pone el dinero entre sus senos, toma un vino negro y algunas ginebras. Viste de verde, viste de rosa y se desviste muy silenciosa.
Los lunes que no trabaja Francisca, con una canastita con flores y su hijita van a correr por el monte los caminos y los campos. Ella dice que los besos, los gorriones y las flores, los lunes tienen más perfume… Larala, larala, larara,...laralala
En una habitación del fondo de la casa los hombres pasan, los hombres pasan. Nadie le ofrece algún trabajo porque tienen miedo de quedarse sin ella.
Piel de canela, ojos de pasto, cabellos largos y aliento a trigal.”
Leon Gieco
1 comentario:
todo es para disfrutar, el tema es si estamos en el momento justo y cómodas con la situación nueva, y con alguien nuevo.
Como llegar a esa comodidad?
Abriéndonos a sentir...
Y para abrirnos a sentir: tenemos que estar CÓMODAS.
Cómodas con nosotras y con el de arlado.
Coincido en que las cosas no salen solas, se generan de la manera que a uno le hacen sentir comodo.
Y vos sos una personita sensible, que para estar comoda con el otro necesitás investigar y compartir algunas cositas para confiar =)
Algunos condimentos extras.
Lindo león.
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