martes, 15 de noviembre de 2011

El paisaje esta cambiando

           Era una tarde de verano de mucho calor. Los caballos sudaban, el sol quemaba el pastizal. Ya hacía varias semanas que no llovía, la tierra del camino estaba tan dura que se escuchaban las pisadas de la yegua La Colorada. Además el charco se estaba secando, retrocedía cada día más. Ese año se pudo sembrar en aquel lote, solo quedaba agua en el camino viejo. Ya todo volvía al paisaje conocido, al recordado, luego de la inesperada inundación.
            Bernarda andaba la petiza pintada, el abuelo se la había regalado el año pasado para su cumpleaños. Pero ese año estaba  más mañera, le costaba doblarla, no le hacía caso. Había que pedirle al peticero que la use más en el invierno, capaz su hijo la podía andar. Aunque Bernarda ese día le pidió el rebenque al abuelo, después de tantas tardes de renegar, y decidió darle una paliza a ver si la sacaba buena.
            Después de una recorrida al trote, llegaron al lote del charco. Juan Carlos y Ramón se bajaron del caballo, se sacaron la remera y se sentaron cerca de la orilla. Bernarda los siguió y se sentó al lado. Tenía mucho calor. Entonces pensó que podía sacarse la remera también, ya que era chiquita no tenía nada que mostrar, además eran sus primos que podía pasar. Decidió comentarlo en voz alta.
-“Me voy a sacar la remera si total mi parte de arriba es como la de ustedes.”
            Juan Carlos y Ramón la miraron serios y extrañados pero asintieron con la cabeza sin decir nada. No era la respuesta que ella esperaba, se sintió incomoda pero igual se sacó la remera confiada que nada había de diferente. Al sacársela se notó rara, como si hubiera una tensión. ¿Qué pasa?, pensaba. Le daban ganas de volverse a poner la remera, pero no lo hacía, le daba vergüenza mostrar disgusto. Los chicos no la miraban, estaban callados. Bernarda se da cuenta que ya no era lo mismo, se siente distinta, desnuda, a pesar de que todavía su cuerpo no había madurado. Aguanta unos minutos y se viste. ¡Por fin!, ya está, había pasado, todo volvió a la normalidad. Agarran sus caballos y deciden ir a ver al padrillo que estaba en el molino.
            No volvió a acordarse de aquel momento angustiante con sus primos. Era mucho para ella, o era muy extraño. Simplemente no lo entendía. Pero sabía que era algo para callar, para tapar, para ocultar. Algo intimo en su cuerpo nació en ella, algo que debía cuidar, inclusive en la presencia de sus primos mas queridos.  

4 comentarios:

Jimena Annan dijo...

Primer madurez de Bernarda

Catalina dijo...

otro titulo posible! pensar la madurez como empezar a sentir verguenza... preparar la mente para el cambio del cuerpo, anticiparse...

Agus dijo...

Estaría bueno una continuación con mas personajes y lugares típicos del campo como Don Cánova, la balza en la calle del fondo inundada, Don Varela, el tractorero y sus rulos brillosos (con q shampu se lavaba??), la casilla y la manga, Doña Julia y Doña Blanca, jaja, el petizo q no anda, el gallinero, la Baya y la petiza pateándose, el petizo colorado corcoveando, las visitas al morito en el molino, la veterinaria y a la m.. el ternero, las escondidas y carreras en los fardos, la pelopincho y la manguera con el agua salada, los gatitos, las hamacas, las tardes de tormenta jugando adentro a las cartas tomando mate y comiendo los scones de mama, el bombon de quaker,dulce de leche en una tacita, la torta de chocolate aplastada, los espirales, los asaditos, las tardes de invierno durmiendo al sol en la galeria, las caminatas hasta la tranquera...

Catalina dijo...

Buena idea!! Podría hacer como una mini serie de "Las aventuras de Bernarda". GRACIAS LO VOY A TENER EN CUENTA!!